–También volvés a algunas cosas de la adolescencia, en “Veinte años”, por ejemplo...
NEKRO: A esa canción le iba a poner el nombre del barrio donde me crié. Si bien yo a los 20 era un chico punk o heavy, nunca me vestí como los demás. En vez de comprarme una remera en una galería me ponía cosas de colores que encontraba en casas de amigos, ropa de mujer, A MÍ NO ME INTERESABA LO QUE PENSARAN. Me vestía de una manera que chocaba. A MI ME DABA MIEDO CRECER Y SER COMO LA GENTE QUE ME SEÑALABA, ME TORTURABA CON ESO. Los vecinos me tenían miedo, creían que les iba a robar o pervertir sus hijos, para ellos era un problema. Y YO LO ÚNICO QUE QUERÍA ERA HUIR DE AHÍ. Tenía una muy buena máquina de escribir y buenos discos y eso me mantuvo. También los amigos que me apoyaron, con eso pude tener mi globo rojo que me llevaba y me transportaba a otro lugar. Tenía que hablar de ese momento de la vida en el que tenés que soportar para no ser como ellos, como los prejuiciosos. Todavía lo estoy intentando: es de nunca acabar.
–En ese momento e incluso ahora, da la impresión de que usaste la música como una terapia médica. Ese es otro de los temas recurrentes en Okey Dokey.
NEKRO: Sí, hasta hay una canción que se llama “Medicina música es”. Habla de usar la música para curarte. Brian Wilson decía que hay que mantener la sonrisa, porque cada sonrisa que das siempre vuelve. El álbum tiene momentos que son oscuros pero del que salen cosas brillantes. Trato de hacer así las cosas: cuando más negatividad me rodea, más positivo soy, desde muy chico. Yo no me considero una persona muy divertida o muy pachanguera, sin embargo necesitaba identificarme con algo como Fun People, gente divertida, ser una persona interiormente feliz, e intentar transmitir eso. Se trata de intentar estar bien pero sin negar que las cosas están mal. Si reivindico a Severino es para encontrarme con pares, ver si a alguien le pueden interesar las mismas cosas que a mí. Yo, claro, todavía no estoy preparado para llegar a ese estado, pero no todo está perdido. Hay un montón de ejemplos de gente que hizo cosas en situaciones más negras que las que estamos viviendo ahora. Tampoco me interesa el proselitismo en la música, tomar causas así porque sí, mezclando todo y que sea un mensaje vacío. La canción “Tiki Tak Fire” es para Marc Bolan, una de las personalidades en las que me apoyo. Electric Warrior es uno de esos discos que estás para atrás y los ponés y te hacen mejor que 200 píldoras. Es una inyección increíble. Y también trato de compartir cosas que me hacen bien. En “Pei Pa Koa”, por ejemplo. Es un jarabe que uso hace un montón de años, que descubrí en Brasil durante una gira de Fun People en la que estaba hecho mierda, filtrado. Es un té chino de hierbas milenario, con sabor a zarzaparrilla. Riquísimo. Lo tomás en té y te hace bien a la garganta. Sirve también para mantener tu voz bien, para sacarte la resaca de un día para otro, y te mantiene sana la piel. Se consigue en cualquier barrio chino. No quiero guardarme mis secretos: quiero compartirlos.
NEKRO: A esa canción le iba a poner el nombre del barrio donde me crié. Si bien yo a los 20 era un chico punk o heavy, nunca me vestí como los demás. En vez de comprarme una remera en una galería me ponía cosas de colores que encontraba en casas de amigos, ropa de mujer, A MÍ NO ME INTERESABA LO QUE PENSARAN. Me vestía de una manera que chocaba. A MI ME DABA MIEDO CRECER Y SER COMO LA GENTE QUE ME SEÑALABA, ME TORTURABA CON ESO. Los vecinos me tenían miedo, creían que les iba a robar o pervertir sus hijos, para ellos era un problema. Y YO LO ÚNICO QUE QUERÍA ERA HUIR DE AHÍ. Tenía una muy buena máquina de escribir y buenos discos y eso me mantuvo. También los amigos que me apoyaron, con eso pude tener mi globo rojo que me llevaba y me transportaba a otro lugar. Tenía que hablar de ese momento de la vida en el que tenés que soportar para no ser como ellos, como los prejuiciosos. Todavía lo estoy intentando: es de nunca acabar.
–En ese momento e incluso ahora, da la impresión de que usaste la música como una terapia médica. Ese es otro de los temas recurrentes en Okey Dokey.
NEKRO: Sí, hasta hay una canción que se llama “Medicina música es”. Habla de usar la música para curarte. Brian Wilson decía que hay que mantener la sonrisa, porque cada sonrisa que das siempre vuelve. El álbum tiene momentos que son oscuros pero del que salen cosas brillantes. Trato de hacer así las cosas: cuando más negatividad me rodea, más positivo soy, desde muy chico. Yo no me considero una persona muy divertida o muy pachanguera, sin embargo necesitaba identificarme con algo como Fun People, gente divertida, ser una persona interiormente feliz, e intentar transmitir eso. Se trata de intentar estar bien pero sin negar que las cosas están mal. Si reivindico a Severino es para encontrarme con pares, ver si a alguien le pueden interesar las mismas cosas que a mí. Yo, claro, todavía no estoy preparado para llegar a ese estado, pero no todo está perdido. Hay un montón de ejemplos de gente que hizo cosas en situaciones más negras que las que estamos viviendo ahora. Tampoco me interesa el proselitismo en la música, tomar causas así porque sí, mezclando todo y que sea un mensaje vacío. La canción “Tiki Tak Fire” es para Marc Bolan, una de las personalidades en las que me apoyo. Electric Warrior es uno de esos discos que estás para atrás y los ponés y te hacen mejor que 200 píldoras. Es una inyección increíble. Y también trato de compartir cosas que me hacen bien. En “Pei Pa Koa”, por ejemplo. Es un jarabe que uso hace un montón de años, que descubrí en Brasil durante una gira de Fun People en la que estaba hecho mierda, filtrado. Es un té chino de hierbas milenario, con sabor a zarzaparrilla. Riquísimo. Lo tomás en té y te hace bien a la garganta. Sirve también para mantener tu voz bien, para sacarte la resaca de un día para otro, y te mantiene sana la piel. Se consigue en cualquier barrio chino. No quiero guardarme mis secretos: quiero compartirlos.

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